Aquella visita inesperada
Aún recuerdo esas conversaciones en las cuales mi voz se quebraba infantilmente para tornarse en inevitable llanto, aún recuerdo aquellos años en que yo siendo un infante le suplicaba cual alma desahuciada por el hilo telefónico, diciéndole tristemente: “Papi… papito, este verano sí vendrás a verme, ¿verdad?, te extraño mucho papito dime que sí vendrás”.
Aún tengo en mi mente presente aquel ceniciento recuerdo de todas las veces que me dijo que trataría, que este verano sí vendría a la ciudad a verme, que me llevaría a tomar jugos, que me enseñaría a sumar, que me sostendría en sus brazos tiernamente mientras yo, entregado al poder onírico de la vida misma, me confería a él, rendido a sus brazos, los brazos de él, mi padre.
Puedo verme aún sentado todas y cada una de las tardes de verano en un viejo sillar de mi huerto, esperando a que su voz melodiosa clame por abrazarme, esa voz que me hacía sentir tan a resguardo, tan protegido, tan contento. Aún.
Lo esperé tanto. Fueron tantos días, tantos años que el insondable poder del olvido, aquel del cual ningún mortal puede salir indemne, me acogió tratando de hallar sosiego para mi alma castigada, aquella alma que clamaba a gritos desesperados que me den a mi papito, que lo trajeran a casa ese verano. La respuesta inmediata, alcanzada la pubertad y después adolescencia, fue: ÓDIALO. Y no miento ni exagero. Durante varios años de mi vida no le hablé, le dije por aquel mismo hilo telefónico que me había visto llorar, que lo odiaba expresamente, que no quería saber nada de él, que había hecho bien en nunca haber venido, que todo se había acabado entre él y yo. Mis párvulos arrebatos de adolescente dolido me hicieron actuar de una forma que seguramente no era la correcta, fueron años de odio desmedido y, aunque les parezca muy religioso, también fueron años de odio injustificado.
Mis abuelos paternos buscaron la tan requerida amnistía por años, me lloraron para que le concediera una absolución a su alma castigada, tanto o más que la mía de niño, según ellos. No los entendí o no quise hacerlo, mi alma, después de 17 años de inconmensurable sufrimiento no entendía de perdón, de clemencia. No lo entendí hasta cuando alcancé la edad suficiente para hacerlo, cuando ya las personas me llamaban “señor”. Fue entonces que decidí que debía dejar pasar esa mala jugada de la vida, fue entonces que concluí que el olvido y su poder omnisciente, habían hecho su trabajo por completo. Fue entonces que, me perdoné y le perdoné.
Si bien en cierto nunca recuperamos los años perdidos, pues considero que son irrecuperables, él trató y soy testigo de que, aún con todos sus años encima y más de dos décadas después, él sigue tratando. Al principio fui reacio, pensé que al habernos perdonado había cumplido, pensé que era el fin de todo, sobre todo de aquel sentimiento de odio que me carcomía por dentro. Pero no, ese no era el fin, sólo después de tanto tiempo de dolor supe que no existía el fin para nosotros, siempre seré su hijo y él siempre será mi padre, el que tiernamente me regalo la vida, aquella vida de la cual le estoy muy agradecido.
Hoy en día, habiendo ya superado esa indeseable experiencia debo decir que estoy en completa paz con mi padre. Debo decir que ya no me afectan las distancias físicas que hicieron de nuestra relación algo traumático. Las acepto y las comprendo. También debo aceptar que existen hoy en día secuelas de aquella mala experiencia entre los dos, pues mientras él me llama “hijo” yo sólo puedo llamar “papá” a mis dos abuelos y sólo me puedo referir a él por su nombre. Y no es mi deseo que se entienda que en mí hay cabida para el resentimiento, no. Es simplemente que así como la vida me enseñó a perdonar también me enseñó que tan importante título en mi vida sólo se lo podía conceder a mis figuras paternas, a esas figuras que me criaron por la senda del bien a través de los años y, no soy mezquino ni nada por el estilo pero él sin duda y por situaciones que no vale la pena contar, no figuró. Lo quiero en cierta y especial forma, le deseo lo mejor y espero el éxito en su vida.
Es por esto mismo que a manera de acercamiento entre los dos he estado planeando desde hace un par de años atrás el ir a visitarlo, en ir de sorpresa pues no me gustan las parafernalias bienvenidas, quiero ir y decirle que me hace bien verle, que todo está muy bien entre ambos, que lo aprecio. Y es por eso que las circunstancias de la vida han traído a mí una magnífica oportunidad de viaje, uno de estudios, con las personas que considero mis amigos y compañeros. Habré de escaparme si así la situación lo requiere, no habrá nada que me impida llegar a su puerta el próximo mes. Tendré la satisfacción de regresar a casa con una foto en la cual por fin, aparezca con mi progenitor, la primera de mi vida. Conoceré y visitaré a mi familia que junto a él radican en aquella pequeña y atribulada ciudad. Será un encuentro próspero que terminará de limar las asperezas entre ambos, será algo sin duda, positivo.
Él no sabe que yo escribo, en realidad él supone que yo sé escribir por mi edad pues no le consta. Sólo espero que esto se mantenga como una sorpresa y en efecto creo que así será pues peligrosamente presumo que entre mis queridos lectores, no se encuentra ninguna persona que tenga algún grado de consanguinidad conmigo. Esto será un secreto a voces entre ustedes, estimados lectores y yo. Prometo postear, en algún tiempo, el detalle de cómo fue que mi padre y yo firmamos solemnemente un tratado imaginario de volición que estipulaba el fin de nuestra lóbrega relación, hasta eso, seres bipolares, mantengamos el secreto =)
Viejo, allá voy, espero que no te sorprenda saber que tu bebé es más grande que tú y que el sujeto en mención, se ha entregado a diferentes placeres mundanos, placeres de los cuales no tenías conocimiento cuando eras joven. Espero también que me pagues el jugo que me debes desde hace muchísimos años, la pasaremos bien, viejo.
Para cerrar este ensayo, quiero agradecer a las personas que aún después de tanto tiempo sin postear, me leen. Mi mente estaba atravesando una catarsis compulsiva, lo siento seres bipolares, trataré de ser más constante con mis ensayos. Por otra parte les confieso que estoy planeando algo diferente para el blog pues en algunas semanas este espacio cumplirá un año en el ciberespacio, ya se enterarán =)
Cuídense seres bipolares y si sus níveas mentes se tornan borrascosas, no jodan manes, llamen no?... paltean! =)
Aún tengo en mi mente presente aquel ceniciento recuerdo de todas las veces que me dijo que trataría, que este verano sí vendría a la ciudad a verme, que me llevaría a tomar jugos, que me enseñaría a sumar, que me sostendría en sus brazos tiernamente mientras yo, entregado al poder onírico de la vida misma, me confería a él, rendido a sus brazos, los brazos de él, mi padre.
Puedo verme aún sentado todas y cada una de las tardes de verano en un viejo sillar de mi huerto, esperando a que su voz melodiosa clame por abrazarme, esa voz que me hacía sentir tan a resguardo, tan protegido, tan contento. Aún.
Lo esperé tanto. Fueron tantos días, tantos años que el insondable poder del olvido, aquel del cual ningún mortal puede salir indemne, me acogió tratando de hallar sosiego para mi alma castigada, aquella alma que clamaba a gritos desesperados que me den a mi papito, que lo trajeran a casa ese verano. La respuesta inmediata, alcanzada la pubertad y después adolescencia, fue: ÓDIALO. Y no miento ni exagero. Durante varios años de mi vida no le hablé, le dije por aquel mismo hilo telefónico que me había visto llorar, que lo odiaba expresamente, que no quería saber nada de él, que había hecho bien en nunca haber venido, que todo se había acabado entre él y yo. Mis párvulos arrebatos de adolescente dolido me hicieron actuar de una forma que seguramente no era la correcta, fueron años de odio desmedido y, aunque les parezca muy religioso, también fueron años de odio injustificado.
Mis abuelos paternos buscaron la tan requerida amnistía por años, me lloraron para que le concediera una absolución a su alma castigada, tanto o más que la mía de niño, según ellos. No los entendí o no quise hacerlo, mi alma, después de 17 años de inconmensurable sufrimiento no entendía de perdón, de clemencia. No lo entendí hasta cuando alcancé la edad suficiente para hacerlo, cuando ya las personas me llamaban “señor”. Fue entonces que decidí que debía dejar pasar esa mala jugada de la vida, fue entonces que concluí que el olvido y su poder omnisciente, habían hecho su trabajo por completo. Fue entonces que, me perdoné y le perdoné.
Si bien en cierto nunca recuperamos los años perdidos, pues considero que son irrecuperables, él trató y soy testigo de que, aún con todos sus años encima y más de dos décadas después, él sigue tratando. Al principio fui reacio, pensé que al habernos perdonado había cumplido, pensé que era el fin de todo, sobre todo de aquel sentimiento de odio que me carcomía por dentro. Pero no, ese no era el fin, sólo después de tanto tiempo de dolor supe que no existía el fin para nosotros, siempre seré su hijo y él siempre será mi padre, el que tiernamente me regalo la vida, aquella vida de la cual le estoy muy agradecido.
Hoy en día, habiendo ya superado esa indeseable experiencia debo decir que estoy en completa paz con mi padre. Debo decir que ya no me afectan las distancias físicas que hicieron de nuestra relación algo traumático. Las acepto y las comprendo. También debo aceptar que existen hoy en día secuelas de aquella mala experiencia entre los dos, pues mientras él me llama “hijo” yo sólo puedo llamar “papá” a mis dos abuelos y sólo me puedo referir a él por su nombre. Y no es mi deseo que se entienda que en mí hay cabida para el resentimiento, no. Es simplemente que así como la vida me enseñó a perdonar también me enseñó que tan importante título en mi vida sólo se lo podía conceder a mis figuras paternas, a esas figuras que me criaron por la senda del bien a través de los años y, no soy mezquino ni nada por el estilo pero él sin duda y por situaciones que no vale la pena contar, no figuró. Lo quiero en cierta y especial forma, le deseo lo mejor y espero el éxito en su vida.
Es por esto mismo que a manera de acercamiento entre los dos he estado planeando desde hace un par de años atrás el ir a visitarlo, en ir de sorpresa pues no me gustan las parafernalias bienvenidas, quiero ir y decirle que me hace bien verle, que todo está muy bien entre ambos, que lo aprecio. Y es por eso que las circunstancias de la vida han traído a mí una magnífica oportunidad de viaje, uno de estudios, con las personas que considero mis amigos y compañeros. Habré de escaparme si así la situación lo requiere, no habrá nada que me impida llegar a su puerta el próximo mes. Tendré la satisfacción de regresar a casa con una foto en la cual por fin, aparezca con mi progenitor, la primera de mi vida. Conoceré y visitaré a mi familia que junto a él radican en aquella pequeña y atribulada ciudad. Será un encuentro próspero que terminará de limar las asperezas entre ambos, será algo sin duda, positivo.
Él no sabe que yo escribo, en realidad él supone que yo sé escribir por mi edad pues no le consta. Sólo espero que esto se mantenga como una sorpresa y en efecto creo que así será pues peligrosamente presumo que entre mis queridos lectores, no se encuentra ninguna persona que tenga algún grado de consanguinidad conmigo. Esto será un secreto a voces entre ustedes, estimados lectores y yo. Prometo postear, en algún tiempo, el detalle de cómo fue que mi padre y yo firmamos solemnemente un tratado imaginario de volición que estipulaba el fin de nuestra lóbrega relación, hasta eso, seres bipolares, mantengamos el secreto =)
Viejo, allá voy, espero que no te sorprenda saber que tu bebé es más grande que tú y que el sujeto en mención, se ha entregado a diferentes placeres mundanos, placeres de los cuales no tenías conocimiento cuando eras joven. Espero también que me pagues el jugo que me debes desde hace muchísimos años, la pasaremos bien, viejo.
Para cerrar este ensayo, quiero agradecer a las personas que aún después de tanto tiempo sin postear, me leen. Mi mente estaba atravesando una catarsis compulsiva, lo siento seres bipolares, trataré de ser más constante con mis ensayos. Por otra parte les confieso que estoy planeando algo diferente para el blog pues en algunas semanas este espacio cumplirá un año en el ciberespacio, ya se enterarán =)
Cuídense seres bipolares y si sus níveas mentes se tornan borrascosas, no jodan manes, llamen no?... paltean! =)

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