A Flavia
Nunca imaginé que nuestra historia comenzaría ese lunes por la tarde, tú, una muchacha delgada, de mirada perdida, algo melancólica y de rasgos finos, comenzaría un pasaje por más importante en mi vida.
Recuerdo con hilaridad que no me simpatizabas mucho al principio, no me caías en absoluto, pero dicen que del amor al odio existe sólo un paso, pues creo que nosotros lo cruzamos a borbotones. Es curioso, nunca pensé que en ti encontraría a una persona sencilla, carismática y sobre todo, amorosa. En cambio creía que eras pedante, nada amigable, arisca. Sorpresas de la vida.
Era una tarde soleada en la que yo, ensimismado por mis sentimientos, te dije, de manera algo torpe, que te amaba, que eras la pieza rara de rompecabezas que encajaba conmigo. Pues así era yo, raro, muy poco sociable, huraño, adusto en el sentido más amplio de la palabra. No imaginé que verías mi interior de forma tan amplia, tan detallada, algo que ni siquiera yo mismo había hecho antes.
Desde ese momento fuimos una sola alma atrapada en dos cuerpos, una sensación increíble nunca antes sentida, nació en mí. Fue entonces Flavia, que mi instinto me hizo desearte, mi corazón me hizo amarte y mi mente, me hizo cuidarte como el segundo tesoro más importante de esta vida. Creo sin titubear que las mejores tardes de universidad las pase no en clases, sino contigo, bailando, jugando a que todos eran tontos y nosotros los únicos cuerdos, o por el contrario, desvariando sin razón aparente, en fin, todas esas tardes las recuerdo con alegría y algunas otras veces con nostalgia.
Te tengo en mi pensar como una chica alegre, acomedida, sencilla, razonable, totalmente tratable, amigable, etc. Me encantaba cuando bailabas, parecía que lo hacías sólo para mí, lo hacías tímida de aquellas curiosas miradas y me hipnotizabas, atrofiabas temporalmente mi sentido de ubicación en el tiempo y el espacio, rompías mis esquemas de entendimiento y me hacías esclavo de tus suaves y finos movimientos.
Te tengo presente con un sentimiento de estima total pues ¿sabes algo?, nadie me quita lo bailado, nadie me despojará nunca de aquellas tardes en las cuales nosotros, cómplices de nuestro sentimiento faltábamos a clases para ir a jugar Mario Kart, y es que nunca antes había jugado un videojuego con una mujer, tú fuiste la primera y parecías disfrutarlo, más que por el juego, por estar conmigo. Te quería y te quiero a rabiar por eso, nunca volveré a jugar algún videojuego con una mujer, sentaste ese precedente y no soy nadie para deshacerlo.
Considero que tienes un cerebro capaz de razonar a la velocidad de la luz. Era difícil llegar a hacerte caer en algún acertijo mental creado por mí. Razonas cual rayo y das respuestas que nadie imagina, eso me encanta de ti. Tú más que nadie sabía que yo podía (y en realidad a veces lo hacía) hablar con artificios lingüísticos, con palabras rebuscadas, con dicción y docto y así convencer, deleitar o embobar a alguien, pero no a ti, a ti te tenía y te tengo mucho respeto, tu inteligencia y entendimiento estaban fuera de mi rango de alcance, eras en ese sentido, superior y aunque no lo creas, me gustaba estar un (uno solo) peldaño más abajo de ti, me enorgullecía y me hacía quererte más. Considero que aprendí muchas cosas de ti, fuiste una maestra intachable, una guía incomparable, un amor inalcanzable dos veces.
Flavia, siempre me gustó hablarte en clave, parecías entenderme, parecías hacerlo antes de que emitiera algún vocablo, nuestro argot sentimental parecía haber hallado la forma de usar correctamente la telepatía.
Siempre hubiese querido hacerte la mujer más feliz del mundo, si bien es cierto no lo conseguí, me acerqué lo suficiente como para saber que tú me querías así, algo torpe a veces, terco y duro al demostrar mis sentimientos.
Fuiste y serás una mujer por más importante en mi vida. Te augurio los mejores éxitos, sé sin vacilar que todo el sufrimiento vivido en el pasado será sólo una experiencia más cuando te veas triunfante. En cuanto a nosotros, we mighta took the long way, ain't nothin' better and you’re still the only one I dream of, esa es y será la canción que me hará recordar esas tardes que, como expliqué líneas arriba fueron, de lejos, las mejores tardes de universidad que jamás tendré.
Recuerdo con hilaridad que no me simpatizabas mucho al principio, no me caías en absoluto, pero dicen que del amor al odio existe sólo un paso, pues creo que nosotros lo cruzamos a borbotones. Es curioso, nunca pensé que en ti encontraría a una persona sencilla, carismática y sobre todo, amorosa. En cambio creía que eras pedante, nada amigable, arisca. Sorpresas de la vida.
Era una tarde soleada en la que yo, ensimismado por mis sentimientos, te dije, de manera algo torpe, que te amaba, que eras la pieza rara de rompecabezas que encajaba conmigo. Pues así era yo, raro, muy poco sociable, huraño, adusto en el sentido más amplio de la palabra. No imaginé que verías mi interior de forma tan amplia, tan detallada, algo que ni siquiera yo mismo había hecho antes.
Desde ese momento fuimos una sola alma atrapada en dos cuerpos, una sensación increíble nunca antes sentida, nació en mí. Fue entonces Flavia, que mi instinto me hizo desearte, mi corazón me hizo amarte y mi mente, me hizo cuidarte como el segundo tesoro más importante de esta vida. Creo sin titubear que las mejores tardes de universidad las pase no en clases, sino contigo, bailando, jugando a que todos eran tontos y nosotros los únicos cuerdos, o por el contrario, desvariando sin razón aparente, en fin, todas esas tardes las recuerdo con alegría y algunas otras veces con nostalgia.
Te tengo en mi pensar como una chica alegre, acomedida, sencilla, razonable, totalmente tratable, amigable, etc. Me encantaba cuando bailabas, parecía que lo hacías sólo para mí, lo hacías tímida de aquellas curiosas miradas y me hipnotizabas, atrofiabas temporalmente mi sentido de ubicación en el tiempo y el espacio, rompías mis esquemas de entendimiento y me hacías esclavo de tus suaves y finos movimientos.
Te tengo presente con un sentimiento de estima total pues ¿sabes algo?, nadie me quita lo bailado, nadie me despojará nunca de aquellas tardes en las cuales nosotros, cómplices de nuestro sentimiento faltábamos a clases para ir a jugar Mario Kart, y es que nunca antes había jugado un videojuego con una mujer, tú fuiste la primera y parecías disfrutarlo, más que por el juego, por estar conmigo. Te quería y te quiero a rabiar por eso, nunca volveré a jugar algún videojuego con una mujer, sentaste ese precedente y no soy nadie para deshacerlo.
Considero que tienes un cerebro capaz de razonar a la velocidad de la luz. Era difícil llegar a hacerte caer en algún acertijo mental creado por mí. Razonas cual rayo y das respuestas que nadie imagina, eso me encanta de ti. Tú más que nadie sabía que yo podía (y en realidad a veces lo hacía) hablar con artificios lingüísticos, con palabras rebuscadas, con dicción y docto y así convencer, deleitar o embobar a alguien, pero no a ti, a ti te tenía y te tengo mucho respeto, tu inteligencia y entendimiento estaban fuera de mi rango de alcance, eras en ese sentido, superior y aunque no lo creas, me gustaba estar un (uno solo) peldaño más abajo de ti, me enorgullecía y me hacía quererte más. Considero que aprendí muchas cosas de ti, fuiste una maestra intachable, una guía incomparable, un amor inalcanzable dos veces.
Flavia, siempre me gustó hablarte en clave, parecías entenderme, parecías hacerlo antes de que emitiera algún vocablo, nuestro argot sentimental parecía haber hallado la forma de usar correctamente la telepatía.
Siempre hubiese querido hacerte la mujer más feliz del mundo, si bien es cierto no lo conseguí, me acerqué lo suficiente como para saber que tú me querías así, algo torpe a veces, terco y duro al demostrar mis sentimientos.
Fuiste y serás una mujer por más importante en mi vida. Te augurio los mejores éxitos, sé sin vacilar que todo el sufrimiento vivido en el pasado será sólo una experiencia más cuando te veas triunfante. En cuanto a nosotros, we mighta took the long way, ain't nothin' better and you’re still the only one I dream of, esa es y será la canción que me hará recordar esas tardes que, como expliqué líneas arriba fueron, de lejos, las mejores tardes de universidad que jamás tendré.

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