Mi micro problema con la economía (Parte II)
El semestre pasado fue un conglomerado de incuria, indolencia, inapetencia, desidia o como diría su fiel servidor en momentos de embriaguez, de hueveo extremo. Y allá el que crea que eso ha sido lo peor de todo, no señores. Lo peor de todo es que este semestre que se está acabando ha sido peor que el primero. Y cuando digo peor me refiero a que ha sido un nefasto semestre, ha sido un semestre de negligencia académica astronómica, de descuido intergaláctico, de pereza marciana, en fin, nada comparado con otros semestres, y vaya que ya tengo muchos que contar.
Entre algunas cosas he aprendido que las ciencias generales que engloban otras ciencias son tediosas y en conjunto, aburridas. Por ejemplo: La Geometría, englobada por las Matemáticas en general, la fonética englobada por la Lingüística, la psicología, englobada por la medicina, etc.
Y es que todos recordarán la primera parte de este ensayo en el cual expresaba mi odio declarado a la Microeconomía de Mercado (a la economía en general), por el enorme fastidio que me había procurado durante la primera mitad del año 2010. Curso que a duras penas había pasado con un 11 muy sufrido, y en descuentos. Fue una combinación, creo yo, de muchísima suerte, más lástima por parte del agriado docente, más dos noches (sí, dos noches) de estudio sin fin y para terminar, más anfetaminas en generosas cantidades.
Al terminar aquel examen de dos horas de duración mi cerebro había adquirido tremenda jaqueca pero a la vez un enorme alivio de no tener que lidiar con aquella porquería de asignatura cuyo intimídate nombre no me había dejado dormir bien durante aproximadamente 4 meses. Aquella asignatura que aún 5 meses después de haberla cursado no sé aún de qué cojones me ha de ser útil en mi vida cotidiana y/o profesional.
En esta oportunidad yo me creía librado de todos esos roñosos recuerdos, de todas esas fórmulas y ecuaciones larguísimas hechas con el propósito de carcomer la masa encefálica, de aquel docente cuya sonrisa nunca había conocido sino en cambio una agria y diuturna expresión de descontento que nos decía “Sois todos unos muérganos del coño, no sirven para un carajo”, en fin, de todo ese curso que no me había dejado recuerdos muy tiernos y alegres que digamos.
Es en ese preciso momento en el cual yo gozaba con la extinta presencia de ese espantoso curso cuando sacado (o expulsado) del mismo limbo vino otra asignatura que fue como el regreso del exterminador malo dispuesto a carbonizar lo que quedaba de mi desgastado cerebro. En esta oportunidad se trataba de algo así como el “papá” de la anterior asignatura, pues si la otra poseía un prefijo que suponía algo pequeño y por ende fácil pero que en cambio no tenía nada de simplicidad (hablo del prefijo “micro”), ahora sobrevenía una asignatura cuyo prefijo era monstruoso más que por el vocablo antecesor, por el antecedente del primero. Ahora se trataba de un curso extensión del anterior, cuyo nombre era “Macroeconomía de Mercado”, y cuyo padre de ciencia era un señor sin vida social y/o aspiraciones productivas más que la de hacer vidas miserables como la mía, por ejemplo. Hablo de Ragnar Frisch, este hombre que seguramente soñaba, comía, eructaba y defecaba números y fórmulas tan grandes y tan desesperantes que podrían llenar fácilmente una pizarra entera.
¡Por Dios!, los chinos decían que para hacer tu vida completa sólo tenías que plantar un árbol, escribir un libro y tener descendencia. ¿En dónde carajos dice “crear fórmulas rompecojones”? ¿¡En dóndeeee!?. Querido Ragnar Frisch, si tu propósito era joder la armonía y paz mundial con fórmulas provoca-diarreas, ¡vaya tío! Sí que lo lograste, te debes sentir orgulloso allá en algún cuadrante del espacio sideral.
Fueron 4 largos meses que esa materia se dictó en mi escuela profesional. He de decir que sólo asistí a las 4 primeras clases magistrales, después de eso, sólo conduje mi humanidad para colocar mi nombre en los exámenes pues no entendía ni el sentido de las preguntas y ejercicios. Al final, rendí un examen de recuperación semestral (como en el primer semestre) en el cual explayé mis dotes artísticos dejando dibujado caritas y formas abstractas.
No diré que odio esta nueva asignatura pues estaría mintiendo e incurriendo en una monstruosa falsedad, no queridos lectores, no la odio… LA ABORREZCO, siento la sensación de estar vomitando detritus licuado con coágulos de sangre negra. Me abomina toda esa asignatura desde el nombre hasta el desarrollo y si antes estaba un poco confundido y vacilante acerca de la utilidad de la materia antecesora, ahora estoy completamente extraviado en esa incógnita, ¿de qué coños me va a servir ah?, es simplemente una de esas incógnitas que no tienen ni tendrán respuesta en tanto encuentre la utilidad a la geometría plana ¬¬
Sólo espero, apreciados lectores, que nunca más en mi vida se crucen cursos así, cursos de tales características pues no creo poder soportarlo una vez más. Creo que los números no se hicieron para mí, creo que mi adolescencia y mi buen trato con los números fueron tan sólo un espejismo, uno que se desvaneció rápidamente a penas pisé la universidad. Me despido con la paz y la tranquilidad de haber acabado bien o mal (a decir verdad, más mal que bien) esa asignatura y no tener que hablar más de ella, pues si tengo que escoger entre la desidia reinante y la Macroeconomía, hell yeah!, desidia rocks!
Muchas gracias, buenas noches.
Entre algunas cosas he aprendido que las ciencias generales que engloban otras ciencias son tediosas y en conjunto, aburridas. Por ejemplo: La Geometría, englobada por las Matemáticas en general, la fonética englobada por la Lingüística, la psicología, englobada por la medicina, etc.
Y es que todos recordarán la primera parte de este ensayo en el cual expresaba mi odio declarado a la Microeconomía de Mercado (a la economía en general), por el enorme fastidio que me había procurado durante la primera mitad del año 2010. Curso que a duras penas había pasado con un 11 muy sufrido, y en descuentos. Fue una combinación, creo yo, de muchísima suerte, más lástima por parte del agriado docente, más dos noches (sí, dos noches) de estudio sin fin y para terminar, más anfetaminas en generosas cantidades.
Al terminar aquel examen de dos horas de duración mi cerebro había adquirido tremenda jaqueca pero a la vez un enorme alivio de no tener que lidiar con aquella porquería de asignatura cuyo intimídate nombre no me había dejado dormir bien durante aproximadamente 4 meses. Aquella asignatura que aún 5 meses después de haberla cursado no sé aún de qué cojones me ha de ser útil en mi vida cotidiana y/o profesional.
En esta oportunidad yo me creía librado de todos esos roñosos recuerdos, de todas esas fórmulas y ecuaciones larguísimas hechas con el propósito de carcomer la masa encefálica, de aquel docente cuya sonrisa nunca había conocido sino en cambio una agria y diuturna expresión de descontento que nos decía “Sois todos unos muérganos del coño, no sirven para un carajo”, en fin, de todo ese curso que no me había dejado recuerdos muy tiernos y alegres que digamos.
Es en ese preciso momento en el cual yo gozaba con la extinta presencia de ese espantoso curso cuando sacado (o expulsado) del mismo limbo vino otra asignatura que fue como el regreso del exterminador malo dispuesto a carbonizar lo que quedaba de mi desgastado cerebro. En esta oportunidad se trataba de algo así como el “papá” de la anterior asignatura, pues si la otra poseía un prefijo que suponía algo pequeño y por ende fácil pero que en cambio no tenía nada de simplicidad (hablo del prefijo “micro”), ahora sobrevenía una asignatura cuyo prefijo era monstruoso más que por el vocablo antecesor, por el antecedente del primero. Ahora se trataba de un curso extensión del anterior, cuyo nombre era “Macroeconomía de Mercado”, y cuyo padre de ciencia era un señor sin vida social y/o aspiraciones productivas más que la de hacer vidas miserables como la mía, por ejemplo. Hablo de Ragnar Frisch, este hombre que seguramente soñaba, comía, eructaba y defecaba números y fórmulas tan grandes y tan desesperantes que podrían llenar fácilmente una pizarra entera.
¡Por Dios!, los chinos decían que para hacer tu vida completa sólo tenías que plantar un árbol, escribir un libro y tener descendencia. ¿En dónde carajos dice “crear fórmulas rompecojones”? ¿¡En dóndeeee!?. Querido Ragnar Frisch, si tu propósito era joder la armonía y paz mundial con fórmulas provoca-diarreas, ¡vaya tío! Sí que lo lograste, te debes sentir orgulloso allá en algún cuadrante del espacio sideral.
Fueron 4 largos meses que esa materia se dictó en mi escuela profesional. He de decir que sólo asistí a las 4 primeras clases magistrales, después de eso, sólo conduje mi humanidad para colocar mi nombre en los exámenes pues no entendía ni el sentido de las preguntas y ejercicios. Al final, rendí un examen de recuperación semestral (como en el primer semestre) en el cual explayé mis dotes artísticos dejando dibujado caritas y formas abstractas.
No diré que odio esta nueva asignatura pues estaría mintiendo e incurriendo en una monstruosa falsedad, no queridos lectores, no la odio… LA ABORREZCO, siento la sensación de estar vomitando detritus licuado con coágulos de sangre negra. Me abomina toda esa asignatura desde el nombre hasta el desarrollo y si antes estaba un poco confundido y vacilante acerca de la utilidad de la materia antecesora, ahora estoy completamente extraviado en esa incógnita, ¿de qué coños me va a servir ah?, es simplemente una de esas incógnitas que no tienen ni tendrán respuesta en tanto encuentre la utilidad a la geometría plana ¬¬
Sólo espero, apreciados lectores, que nunca más en mi vida se crucen cursos así, cursos de tales características pues no creo poder soportarlo una vez más. Creo que los números no se hicieron para mí, creo que mi adolescencia y mi buen trato con los números fueron tan sólo un espejismo, uno que se desvaneció rápidamente a penas pisé la universidad. Me despido con la paz y la tranquilidad de haber acabado bien o mal (a decir verdad, más mal que bien) esa asignatura y no tener que hablar más de ella, pues si tengo que escoger entre la desidia reinante y la Macroeconomía, hell yeah!, desidia rocks!
Muchas gracias, buenas noches.

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