The Summer is… magic?”
Me veo semiechado en mi sillón con la laptop a cuestas diciendo para mis adentros: “No voy a hablar de política, ¡no voy a hablar de política!, contrólate, NOOO!... Coñoooo!!”.
Es el fin de mis vacaciones, de estas mal que buenas vacaciones que he osado procurarme, de este tiempo de vagancia y desocupación extrema, de refinado libertinaje, de conspicua lujuria, de pragmático huebeo, etc. etc. y largo y abundante etc. Vengo a redactar otra vez en mi mozalbete blog (que ya quisiera que fuera viejo e irreverente), no sé si recargado o re-cagado pues antes de escribir estas líneas no sabía qué escribir, qué tema tocar, con qué damn thing entretenerlos. Y todo esto último no porque no haya hecho, visto o vivido cosas que me dejaran algo de qué escribir, no, sino es que me parecen temas que vendrán mejor en un futuro cercano, ya se enterarán, JA-JA-JA (*risa malvada*)… ya se enterarán.
En estas vacaciones he hecho muchas cosas, algunas buenas, muchas otras malas, viajé, vi, ingerí licor hasta quedar semiinconsciente, me aburrí, me volví loco y regresé a la cordura una y otra vez, me divertí, me deprimí, me enfadé, me tomé fotos (sí, de esas que no me gustan), fui generoso y al siguiente instante avaro y malvado, etc. Y pues he hecho un súper resumen que espero, no los aburra aunque si es así, Coño! Qué aburridos son!...
Entre las cosas más resaltantes mi verano estuvo ocupado por las siguientes actividades:
Fui invitado a Desaguadero y como mi extenso tiempo libre me lo permitía, acepté. Así que después de aguantar once o doce horas en bus, con el trasero semi-aplanado llegué a ese pueblo, estaba hambriento, cansado, maloliente, embarrado de lodo pues si algo encontramos en abundancia allí en Desaguadero es eso, lodo. Lodo y olvido pues es un poblado sumido en un olvido semi-presente por parte de las autoridades, la informalidad, la pobreza, los vicios y la falta de apoyo hacen de Desaguadero una ciudad que decrece en forma diametralmente opuesta al progreso de otras ciudades como Arequipa o Lima, ese crecimiento del que tanto se jacta nuestro gobierno de turno pero eso, es otra historia.
Al llegar al lugar donde me iba a quedar mi mente estaba confinada a pensar sólo en una cosa: “CAMA”, así es que al ver el primer lecho di rienda suelta a mis más bajos instintos oníricos y dormí plácidamente hasta pasado el medio día. Al despertar estaba hambriento, así que fui en búsqueda de comida y me ofrecieron una sopa, debo decir que gran fanático de las sopas no soy pero en ese momento me encontraba ávido de comida así que no vacilé en aceptar aquella sopa. Fue entonces que pasó, fue algo por decirlo eufémicamente, “espeluznante”. Cuando pusieron el plato sobre la mesa y pude observarlo una reacción en cadena que fue como un pequeño golpe eléctrico recorrió mi cuerpo entero e hizo erizar todos los bellos habidos y por haber desde mis pies hasta mi maltrecho remolino situado en mi cabeza (producto de una decisión infantil y claro, un inoportuno chicle).
“Holy crap, ¡HOLY CRAP! WHAT THE HELL!, WHAT THE FUCK? COÑOO!!... pero qué carajos significa esto, waaaa…”. Mi reacción no fue para nada inoportuna u exagerada (o al menos eso pienso yo) para semejante impresión pues se trataba de una sopa parecida al caldo blanco pero que entre otras cosas contenía una quijada o mandíbula entera de lo que parecía ser un asno, una mula o algo por el estilo. Al instante me explicaron que se trataba de una comida típica de los Andes peruanos pero ya era tarde, no quise ver comida durante varias horas y cuando mi estómago ya no pudo más y me reclamaba airoso un poco de alimento me vi obligado a salir a encontrar algo de comida un poco más “occidental”. No fue fácil, busqué y busqué por esas calles lodosas hasta que por fin pude encontrar la única pollería del sitio y pude así saciar un poco a mi estómago.
Al terminar la jornada decidí salir a divertirme un poco, no creí encontrar una discoteca o algo parecido en aquel pueblo es por eso que fui a un establecimiento al cual llamaban “local social” donde se llevaba a cabo la celebración de los carnavales (que gracias a Dios no eran iguales a las desadaptadas celebraciones en la costa del país con agua y pintura). Al entrar a ese sitio noté que abundaban dos cosas: cerveza en cantidades exorbitantes e igual número de borrachos y borrachas. No fue hasta un punto del cual no recuerdo mucho que me dije: “diablos, yo me juraba recio con esto del alcohol, que carajos me está sucediendo” y al siguiente parpadeo consiente me encontraba despertando en la habitación rodeado de personas que no conocía con sendas botellas de cerveza esparcidas por el piso. Fue una de las mayores resacas que recordaré, fue una de las tantas veces que me dije “No vuelvo a tomar, auch auch coño!, no vuelvo a tomar en mi vida!”.
Al pasar el tiempo me fui sintiendo como un pingüino emperador en el Ecuador, fue algo que se acrecentó por muchas razones: la gastronomía, las comodidades, el trato de las personas, el abandono de esas gentes a sí mismos, el clima y sí, maldita sea… el lodo.
Visité el “lado boliviano” (como le llamaban los locales al territorio fronterizo de Bolivia) a ver cómo era. La imagen que quedó de ese lugar en mí no fue mejor que la del “lado peruano”. Entre otras cosas, había mucho comercio ambulatorio, el clima era el mismo, cobraban en soles y sí, había más lodo.
Con el pasar del tiempo (que a decir verdad fue muy corto, tratándose de mí) mis ánimos se exacerbaron, sentía que ya no podía estar allí y es así que llamé a mi oráculo, a mi guía, a mi fuente infinita de sabiduría, a mi todo… mi madre, quien me entendió y amablemente me pagó el pasaje de regreso.
No es mi deseo el aparentar alguna ínfula de superioridad, alguna intensión pretensiosa o menosprecio a la forma de vida de esta ciudad fronteriza, no. Sólo pienso que no es mi estilo, soy un poco más de urbe y no creo que eso sea “egocentrista, tirano o vanidoso”. Creo que a pesar de todas sus limitaciones, Desaguadero es un pueblo pujante y que posee comunes vicios como los de todos los colectivos sociales y que definitivamente se pueden corregir. De los recuerdos bonitos pues me llevo el colorido de sus festividades, la amabilidad de las personas cuando de compartir cerveza se trata y claro, cómo olvidarlo, los precios súper bajos de esos productos que presumo, eran de contrabando, los cuales te permitían hacer magia con 200 nuevos soles.
Tiempo después recibí una llamada muy mañanera que me despertó, es cierto que eran las 11 am. pero todos saben que las mañanas no existen en mi mundo. Era mi padre (Hey, viejo ¿podrías llamarme pasado el meridiano para la próxima?, sí?, quedamos? Ok.) El motivo de su llamada era para invitarme a pasar unos días en Trujillo. Por un momento me sedujo la idea, pensé que unos días de playa me vendrían bien, me visualicé con una lata de cerveza en el muelle de Huanchaco, ese muelle que me daba miedo de niño por las enormes grietas en su tablada por las cuales me parecía, iba a caer al mar. Pero ahora me gustaba más la idea, era tentadora y quise hacerlo pero mi padre me pedía a cambio que me quedase en su casa, cosa que por supuesto no iba a aceptar, ¡NO POR DIOS!, no me quedaré en tu casa, para eso existen los hoteles, ya no tengo 12 años, o sea, ¿qué carajos?. Creo que mi padre supone que aún soy un pre-adolescente que tiene que definitivamente dormir bajo un techo conocido y pues, él y yo como bien sabrán queridos lectores por tantos otros ensayos en los que lo menciono, somos muy diferentes, él es más conservador, enchapado a la antigua y eso está bien por mí, siempre y cuando exista los mismos 2500 km que existen desde hace 17 años entre ambos. No le dije que no, mas tampoco que sí. Lo “pelotié” como se dice criollamente hasta que parece se olvidó de la idea. Pienso que algún día volveré a Trujillo, no sé exactamente cuándo pero lo haré y cuando vaya lo primero que haré será registrarme en un hotel céntrico y bonito, después de eso y lata de cerveza en mano iré directamente a visitar a mi padre pues después de todo lo que pasó entre nosotros y tratándose de mí, no le guardo rencor, sólo pienso que pudo haberse comportado como un verdadero padre para mí pero eso señores, es otra historia.
Después de estas dos cosas “relevantes” me pasaron muchas otras cosas que ya se irán enterando como bien dije en el comienzo de este ensayo, con el pasar del tiempo. No fue un verano que haya llenado mis expectativas por completo, no, creo que pudo ser mejor pero tampoco fue un verano donde me mosqueé criminalmente y ya pues, supongo que tendré mejores. Sólo tengo algunas “ideas” o frases sueltas que quiero compartir con ustedes, si ven por bien tomarlas como moralejas pues que bueno y sino sólo son payasadas mías para acabar este ensayo…
“-Coño! Señorita de dónde sacó ese Johnny Walker de 2 litros, nunca había visto uno tan grande!
-Aquí en Desaguadero encuentras de todo querido, dime nomás y te consigo unas cuantas botellas.
- COÑOOO!!! >.< !!”
“-Hola hiju (individuo de edad pasado de copas)
-Hola papá, ¿cómo te llamas?
-Mi nombre es Justiniano Paclla Corpi II
-Asu, mucho gusto Don Justi 2, mi nombre es Felipe de Borbón III
-No me huebees pe sobrino, ya arranca, arranca”
“- Sí mami te lo juro, era una quijada de burro, fue horrible
-Debe ser un caldo de cabeza o algo parecido, vamos, no exageres, ¿estás seguro?”
“-¿A cuánto la casaca seño?
- 60 soles nomás caserito
-¿60 soles?, pero si estamos en Bolivia, no debería cobrar en bolivianos?
-Uy casero con los bolivianos nos morimos de hambre”
“- Jajaja, y el próximo gil que de el corte a la yunza pone el próximo año todo, corre hijo, intenta darle a la yunza (En una reunión llena de bullicio, licor y risotadas desencajadas)
-Ehm, señor, ¿qué es una yunza?
-(Silencio sepulcral)”
“-Hola Patty, sí, no la estoy pasando bien aquí, creo que me regreso mañana mismo, lo único que me une con mi mundo cotidiano es mi cel (Chatiando con una amiga por mi teléfono celular)
-Tiiiic, tiiiic, Alerta! Batería baja, se procederá a apagar el equipo
-Coño! Lo conectaré al cargador… (buscando) COÑOOOO!!! NO TRAJE EL CARGADOR!!!”
“-Tan amable señor, ¿podría Ud. abrir el baño del bus?, necesito hacer uso de él.
- No hay llave sobrino, mea por la ventana”
Vivan felices, hasta la próxima, seres bipolares.
Es el fin de mis vacaciones, de estas mal que buenas vacaciones que he osado procurarme, de este tiempo de vagancia y desocupación extrema, de refinado libertinaje, de conspicua lujuria, de pragmático huebeo, etc. etc. y largo y abundante etc. Vengo a redactar otra vez en mi mozalbete blog (que ya quisiera que fuera viejo e irreverente), no sé si recargado o re-cagado pues antes de escribir estas líneas no sabía qué escribir, qué tema tocar, con qué damn thing entretenerlos. Y todo esto último no porque no haya hecho, visto o vivido cosas que me dejaran algo de qué escribir, no, sino es que me parecen temas que vendrán mejor en un futuro cercano, ya se enterarán, JA-JA-JA (*risa malvada*)… ya se enterarán.
En estas vacaciones he hecho muchas cosas, algunas buenas, muchas otras malas, viajé, vi, ingerí licor hasta quedar semiinconsciente, me aburrí, me volví loco y regresé a la cordura una y otra vez, me divertí, me deprimí, me enfadé, me tomé fotos (sí, de esas que no me gustan), fui generoso y al siguiente instante avaro y malvado, etc. Y pues he hecho un súper resumen que espero, no los aburra aunque si es así, Coño! Qué aburridos son!...
Entre las cosas más resaltantes mi verano estuvo ocupado por las siguientes actividades:
Fui invitado a Desaguadero y como mi extenso tiempo libre me lo permitía, acepté. Así que después de aguantar once o doce horas en bus, con el trasero semi-aplanado llegué a ese pueblo, estaba hambriento, cansado, maloliente, embarrado de lodo pues si algo encontramos en abundancia allí en Desaguadero es eso, lodo. Lodo y olvido pues es un poblado sumido en un olvido semi-presente por parte de las autoridades, la informalidad, la pobreza, los vicios y la falta de apoyo hacen de Desaguadero una ciudad que decrece en forma diametralmente opuesta al progreso de otras ciudades como Arequipa o Lima, ese crecimiento del que tanto se jacta nuestro gobierno de turno pero eso, es otra historia.
Al llegar al lugar donde me iba a quedar mi mente estaba confinada a pensar sólo en una cosa: “CAMA”, así es que al ver el primer lecho di rienda suelta a mis más bajos instintos oníricos y dormí plácidamente hasta pasado el medio día. Al despertar estaba hambriento, así que fui en búsqueda de comida y me ofrecieron una sopa, debo decir que gran fanático de las sopas no soy pero en ese momento me encontraba ávido de comida así que no vacilé en aceptar aquella sopa. Fue entonces que pasó, fue algo por decirlo eufémicamente, “espeluznante”. Cuando pusieron el plato sobre la mesa y pude observarlo una reacción en cadena que fue como un pequeño golpe eléctrico recorrió mi cuerpo entero e hizo erizar todos los bellos habidos y por haber desde mis pies hasta mi maltrecho remolino situado en mi cabeza (producto de una decisión infantil y claro, un inoportuno chicle).
“Holy crap, ¡HOLY CRAP! WHAT THE HELL!, WHAT THE FUCK? COÑOO!!... pero qué carajos significa esto, waaaa…”. Mi reacción no fue para nada inoportuna u exagerada (o al menos eso pienso yo) para semejante impresión pues se trataba de una sopa parecida al caldo blanco pero que entre otras cosas contenía una quijada o mandíbula entera de lo que parecía ser un asno, una mula o algo por el estilo. Al instante me explicaron que se trataba de una comida típica de los Andes peruanos pero ya era tarde, no quise ver comida durante varias horas y cuando mi estómago ya no pudo más y me reclamaba airoso un poco de alimento me vi obligado a salir a encontrar algo de comida un poco más “occidental”. No fue fácil, busqué y busqué por esas calles lodosas hasta que por fin pude encontrar la única pollería del sitio y pude así saciar un poco a mi estómago.
Al terminar la jornada decidí salir a divertirme un poco, no creí encontrar una discoteca o algo parecido en aquel pueblo es por eso que fui a un establecimiento al cual llamaban “local social” donde se llevaba a cabo la celebración de los carnavales (que gracias a Dios no eran iguales a las desadaptadas celebraciones en la costa del país con agua y pintura). Al entrar a ese sitio noté que abundaban dos cosas: cerveza en cantidades exorbitantes e igual número de borrachos y borrachas. No fue hasta un punto del cual no recuerdo mucho que me dije: “diablos, yo me juraba recio con esto del alcohol, que carajos me está sucediendo” y al siguiente parpadeo consiente me encontraba despertando en la habitación rodeado de personas que no conocía con sendas botellas de cerveza esparcidas por el piso. Fue una de las mayores resacas que recordaré, fue una de las tantas veces que me dije “No vuelvo a tomar, auch auch coño!, no vuelvo a tomar en mi vida!”.
Al pasar el tiempo me fui sintiendo como un pingüino emperador en el Ecuador, fue algo que se acrecentó por muchas razones: la gastronomía, las comodidades, el trato de las personas, el abandono de esas gentes a sí mismos, el clima y sí, maldita sea… el lodo.
Visité el “lado boliviano” (como le llamaban los locales al territorio fronterizo de Bolivia) a ver cómo era. La imagen que quedó de ese lugar en mí no fue mejor que la del “lado peruano”. Entre otras cosas, había mucho comercio ambulatorio, el clima era el mismo, cobraban en soles y sí, había más lodo.
Con el pasar del tiempo (que a decir verdad fue muy corto, tratándose de mí) mis ánimos se exacerbaron, sentía que ya no podía estar allí y es así que llamé a mi oráculo, a mi guía, a mi fuente infinita de sabiduría, a mi todo… mi madre, quien me entendió y amablemente me pagó el pasaje de regreso.
No es mi deseo el aparentar alguna ínfula de superioridad, alguna intensión pretensiosa o menosprecio a la forma de vida de esta ciudad fronteriza, no. Sólo pienso que no es mi estilo, soy un poco más de urbe y no creo que eso sea “egocentrista, tirano o vanidoso”. Creo que a pesar de todas sus limitaciones, Desaguadero es un pueblo pujante y que posee comunes vicios como los de todos los colectivos sociales y que definitivamente se pueden corregir. De los recuerdos bonitos pues me llevo el colorido de sus festividades, la amabilidad de las personas cuando de compartir cerveza se trata y claro, cómo olvidarlo, los precios súper bajos de esos productos que presumo, eran de contrabando, los cuales te permitían hacer magia con 200 nuevos soles.
Tiempo después recibí una llamada muy mañanera que me despertó, es cierto que eran las 11 am. pero todos saben que las mañanas no existen en mi mundo. Era mi padre (Hey, viejo ¿podrías llamarme pasado el meridiano para la próxima?, sí?, quedamos? Ok.) El motivo de su llamada era para invitarme a pasar unos días en Trujillo. Por un momento me sedujo la idea, pensé que unos días de playa me vendrían bien, me visualicé con una lata de cerveza en el muelle de Huanchaco, ese muelle que me daba miedo de niño por las enormes grietas en su tablada por las cuales me parecía, iba a caer al mar. Pero ahora me gustaba más la idea, era tentadora y quise hacerlo pero mi padre me pedía a cambio que me quedase en su casa, cosa que por supuesto no iba a aceptar, ¡NO POR DIOS!, no me quedaré en tu casa, para eso existen los hoteles, ya no tengo 12 años, o sea, ¿qué carajos?. Creo que mi padre supone que aún soy un pre-adolescente que tiene que definitivamente dormir bajo un techo conocido y pues, él y yo como bien sabrán queridos lectores por tantos otros ensayos en los que lo menciono, somos muy diferentes, él es más conservador, enchapado a la antigua y eso está bien por mí, siempre y cuando exista los mismos 2500 km que existen desde hace 17 años entre ambos. No le dije que no, mas tampoco que sí. Lo “pelotié” como se dice criollamente hasta que parece se olvidó de la idea. Pienso que algún día volveré a Trujillo, no sé exactamente cuándo pero lo haré y cuando vaya lo primero que haré será registrarme en un hotel céntrico y bonito, después de eso y lata de cerveza en mano iré directamente a visitar a mi padre pues después de todo lo que pasó entre nosotros y tratándose de mí, no le guardo rencor, sólo pienso que pudo haberse comportado como un verdadero padre para mí pero eso señores, es otra historia.
Después de estas dos cosas “relevantes” me pasaron muchas otras cosas que ya se irán enterando como bien dije en el comienzo de este ensayo, con el pasar del tiempo. No fue un verano que haya llenado mis expectativas por completo, no, creo que pudo ser mejor pero tampoco fue un verano donde me mosqueé criminalmente y ya pues, supongo que tendré mejores. Sólo tengo algunas “ideas” o frases sueltas que quiero compartir con ustedes, si ven por bien tomarlas como moralejas pues que bueno y sino sólo son payasadas mías para acabar este ensayo…
“-Coño! Señorita de dónde sacó ese Johnny Walker de 2 litros, nunca había visto uno tan grande!
-Aquí en Desaguadero encuentras de todo querido, dime nomás y te consigo unas cuantas botellas.
- COÑOOO!!! >.< !!”
“-Hola hiju (individuo de edad pasado de copas)
-Hola papá, ¿cómo te llamas?
-Mi nombre es Justiniano Paclla Corpi II
-Asu, mucho gusto Don Justi 2, mi nombre es Felipe de Borbón III
-No me huebees pe sobrino, ya arranca, arranca”
“- Sí mami te lo juro, era una quijada de burro, fue horrible
-Debe ser un caldo de cabeza o algo parecido, vamos, no exageres, ¿estás seguro?”
“-¿A cuánto la casaca seño?
- 60 soles nomás caserito
-¿60 soles?, pero si estamos en Bolivia, no debería cobrar en bolivianos?
-Uy casero con los bolivianos nos morimos de hambre”
“- Jajaja, y el próximo gil que de el corte a la yunza pone el próximo año todo, corre hijo, intenta darle a la yunza (En una reunión llena de bullicio, licor y risotadas desencajadas)
-Ehm, señor, ¿qué es una yunza?
-(Silencio sepulcral)”
“-Hola Patty, sí, no la estoy pasando bien aquí, creo que me regreso mañana mismo, lo único que me une con mi mundo cotidiano es mi cel (Chatiando con una amiga por mi teléfono celular)
-Tiiiic, tiiiic, Alerta! Batería baja, se procederá a apagar el equipo
-Coño! Lo conectaré al cargador… (buscando) COÑOOOO!!! NO TRAJE EL CARGADOR!!!”
“-Tan amable señor, ¿podría Ud. abrir el baño del bus?, necesito hacer uso de él.
- No hay llave sobrino, mea por la ventana”
Vivan felices, hasta la próxima, seres bipolares.

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