Amigos - Capítulo 2
Prólogo
Y es así como la vida funge una vez más de embudo, sorteando elementos en caída
libre, tamizando personas a través del tiempo, añadiendo a algunas personas y
quitando a muchas otras más de tus días, es así como la vida funciona dicen los
más sabidos. Realmente, "nadie hace amigos tomando leche", yo lo sé muy bien.
18/07/2024 04:26 amHan pasado 13 años desde que escribí la primera parte de esta entrada, ¿pueden creerlo? ¡TRECE años! Ha sido un medio tiempo un poco más que extenso, han pasado muchas cosas desde entonces, unas buenas, otras magníficas y otras no tanto. Terminé la U, me enamoré, me mandaron a terapia, viajé por el mundo, me volví a enamorar, me volvieron a mandar a terapia (equisdé) y bueno, aquí estoy, bien o mal, aquí estoy. Con un tercio de siglo y un poquito más, repasando momentos, frases y pensamientos que me han dejado aquellas personas que alguna vez pasaron por mi vida, muchas de ellas de manera fugaz (la mayoría) y otras perpetuamente.
Era el año 2008, era un párvulo ser anexado a un par de gafas de sol y audífonos que no tenía relación con nadie, POR NADA. Fue allí que la vida misma se encargó a empellones de agregar personas a mi rutina diaria, personas que sin saberlo iban a marcar un antes y un después en mi existencia. Al ingresar a la universidad descubrí que eso de que éramos seres sociables por naturaleza era cierto (sí, tenía dudas) ya que yo era el Grinch en persona, no me agradaba entablar conversaciones con nadie, ¡POR NADA! (again).
En mi clase éramos como 50 (universidad pública) en relación 5 mujeres por cada hombre; yo, siendo un lobo solitario, me sentía extraño, ajeno, en fin, un forastero de paso en un mundo donde estaba convencido, no pertenecía. Acababa de concluir el colegio y nada había sido diferente, siempre fui así, un ser desposeído de afecto amical, a tal punto que de 100 personas que conformaban mi promoción de colegio, sólo tenía dos "conocidos", sí, durante 5 años de convivencia, sólo entablé relación cercana con dos personas. Supuse entonces que la universidad iba a ser un calco de mi etapa escolar y por mí estaba perfecto en aquel entonces; gracias a la vida, no fue así.
Esto que les voy a contar quizás suene un tanto cursi pero, de todas las personas con las cuales pasé esos 5 años de universidad, tengo recuerdos, con todos y cada uno de ellos, muchos de los cuales, no recuerdo ni sus nombres. Y es que mi mente es un lugar extraño, es un campo inexplorado en su totalidad aún por mí a tal punto que a veces me sorprende a mí mismo.
De esas personas, guardo celoso algunos sentimientos, la mayoría buenos, aunque otros no tanto. Y no me refiero a odio o resentimiento, no. Lo que siento por aquellas personas con las cuales compartí 5 años de mi vida abarcan un rango muy amplio de sentimientos que van desde el cariño y el afecto hasta la desconfianza y la vergüenza. En esos -gloriosos- años me redescubrí en base a situaciones agradables y adversas, confortables y abyectas, en fin, en situaciones dadas y pre establecidas por la vida misma que me desarrollaron como persona, como ente social. Hace 20 años, no hubiera creído esto que estoy escribiendo.
Aquellos wonder years me hicieron muy feliz, fue muy aleccionador, fueron sin dudas, los mejores años de mi vida hasta ahora. Es tanto el cariño y la nostalgia que me traen esos años bonitos que a veces me quedo con una mirada perdida, observando a la misma nada, obnubilado y reflexivo, recordando aquellos momentos que como dice la canción "eran tiempos dorados, un pasado mejor".
De esos 5 años, pude hacerme de muchas amistades, personas que aún el día de hoy, siguen activamente en mi vida y yo en las suyas, algunos ya con los estragos que el inexorable paso del tiempo inflige en tu cuerpo físico, otros, tal y cual los recuerdo en esos años. Nos seguimos viendo recurrentemente, compartiendo momentos, anécdotas y lecciones de vida como si estuviéramos en un tiempo muerto entre clases, las mismas que culminaron hace más de una década. Mis amigos, mis hermanos del alma como dicen popularmente, son para mi una bendición, un regalo divino como muchos otros que dibujan una sonrisa en mi rostro y tatúan un arraigo amical en mi alma.
¿Recuerdan lo que dije arriba? Éramos 5 mujeres por cada hombre en mi salón, pues hay algo anecdótico en todo esto y es algo que suelo repetir recurrentemente a mis amigos en mis cumpleaños cuando ya estoy con algunas copas de más ya que resulta que al ser tantas las mujeres en mi promoción, la gran mayoría de ellas, sólo se juntaban entre mujeres. Recuerdo como si fuera ayer que muchas de ellas solían ir hasta al baño juntas, caminar para arriba y para abajo, al derecho y a revés en unidad, vociferando y alardeando la solidez de sus vínculos amicales mientras nosotros, sólo nos juntábamos para jugar fútbol de vez en cuando o cuando nadie quería hacer grupos de trabajo con nosotros. ¿Saben cuántas siguen así de unidas más de una década después? Ninguna, y lo sé de buena fuente. Hoy en día, en cambio, yo sí puedo sentirme dichoso de ver esas caras un tanto arrugadas ya, más de una década después de manera recurrente. Para mi, esto me llena de orgullo y agradezco a la vida por haberme dado la oportunidad de cruzar sendero con esas personas que inyectan júbilo y juventud a mi existencia (qué viejo soné con eso, lo sé).
Hoy estoy algo emocional, quizás algo ansioso ya que hoy me reuniré una vez más con mis "viejos" amigos (en todo el rango de la palabra) y si puedo desearte algo, querido lector, es que de tantas dichas que la vida le puede dar a uno, espero que no te falte un buen amigo o amiga en tu vida.
Más allá de toda pena, siento que la vida es buena.
18/07/2024 05:39 am

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